domingo, 5 de febrero de 2012

Ser de agua




Siento el barro bajo mis pies. Se filtra por los valles; por las aceras de mi ciudad, aquella que me mece en las noches lentas, mientras mi cuerpo se desvanece en el mundo de los sueños; por las montañas que intentan arañar un cielo tan lejano como infinito.




El mar acompaña con su melodía un momento de paz y armonía. Me siento liviana, transparente. Soy de agua y me elevo hacia ese mismo firmamento que me vio nacer. Siento en mi el acontecer del tiempo: pasado, presente y futuro eclosionan en un efímero momento.




Y yo me rompo, alcanzando un estado de calma, de evasión. Mis manos y mis pies se separan de mi cuerpo; mi cintura se ciñe más y más hasta adquirir una forma imposible; mis pulmones se llenan de aire puro y, con ese nuevo impulso, alcanzo el punto más álgido de mi ser. Me deshago, lentamente, me derramo por las paredes, por el suelo. Pero no siento dolor sino una maravillosa sensación que nunca antes había sentido. Todo se acaba cuando el barro inunda el camino. Y yo siento que vuelvo a casa más limpia que nunca, y más pura, pues llevo en mi ser la tibia caricia del elemento que me da la vida. Vuelvo a tener el control sobre mis pasos. Me dirijo hacia el mar, hacia ese vientre inmenso y me sumerjo sin miedo en él. Siento su abrazo, la fuerza, el coraje de una madre que no ha dejado de luchar jamás; que ha dado y da la vida a los seres que en ella se cobijan.




Madre, he vuelto.

domingo, 15 de enero de 2012

Hoy, en un intento de congraciar tiempo e inspiración, busco en mi mente algo que me haga resurgir; algo nuevo… un vacío, tal vez, que rellenar con sueños e ilusiones, algunas de ellas tan gastadas como mis viejos zapatos, como yo misma. Pero no encuentro un punto donde alinear los sentimientos que me embargan. Volcanes dormidos, no extintos, esperando el momento preciso para entrar en erupción. Es ahí donde convergen los miedos, temores antiguos y olvidados que no cesan en su empeño por emerger del subconsciente. Sé que algún día podrán ser rescatados por algo o alguien. Mientras esto no ocurre espero impaciente que así sea, amén de saber que el tiempo continúa en su loca carrera hacia el mañana.
Siento que ya todo está dicho, todo está escrito. Las palabras se agolpan en mi cabeza, como muebles olvidados; restos de una civilización exigua, remota. No sé por dónde empezar a poner orden, ni cómo hacerlo.
Sigo buscando, y no cesaré hasta encontrar ese aliento que me falta. Demasiadas pasiones. Todas ellas esperan su momento, sin saber si por fin, éste ha de llegar.
Sin duda continuaré esperando hasta que algo se mueva en mi interior.